(Escrito el jueves 2 de diciembre)
El otro día fui a correr y se puso a llover. Hasta aquí todo normal... a veces pasa.
Disfrutas de la fresca lluvia que cae, tienes cuidado con no resbalar y vuelves sin demorarte para cambiarte la ropa empapada.
Hoy quería salir temprano a correr. Durante todo el día brilló un sol espléndido y quería aprovechar esa luz para salir de casa. Al final, por una cosa u otra, acabé saliendo cuando ya oscurecía. El cielo se tapó completamente, los rayos se veían a lo lejos y los truenos retumbaban. Empezó a llover y a llover... El fuerte viento golpeaba de un lado y otro. Éramos pocos los valientes (¿inconscientes?) que quedábamos en el paseo marítimo, pero éste se fue vaciando del todo.
Por fin llego baldado a casa... y de pronto todo para. Ya no hay más lluvia, ni relámpagos, ni viento... nada.
Bueno, vale, como broma está bien... ¿¿pero vale ya, no??
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