Martín pescador. Los “dias de alción” son serenos y reposados: se denominan así porque durante unos días en la estación de lluvias, cuando el martín pescador cría a su prole, los dioses solían aplacar la ira de los elementos. Eso, al menos, le gustaba creer a los ingenuos hombres de la Antigüedad. Pero en realidad se trataba de una superstición abominable, peor aún, despreciable, que no puede compararse en ningún sentido a la creencia cristiana de que la medianoche del día de Navidad el tiempo mejora como deferencia a las aves y las bestias que se levantan a esa hora para adorar al Salvador.
(Y de postre:
alentar, v. tr. Confirmar a un necio que hace bien al empeñarse en una tontería que está empezando a perjudicarle.
alivio, s. Despertarse temprano una fría mañana y descubrir que es domingo. (Ésta va con dedicatoria especial).
agallas, s. Lo que se necesita para reconocer que se es un cobarde.
adorar, v. tr. Venerar esperando algo a cambio.
amor propio, s. Valoración equivocada de uno mismo.
agravio, s. Todo acto desagradable, visto desde la perspectiva de la víctima.
agonía, s. Uno de los grados más intensos de tormento corporal. El estado mental equivalente se denomina “pasarlas moradas”.
agarrado, adj. Que ansía indebidamente quedarse con aquello que muchas personas que lo merecen desean conseguir.)
Todas estas definiciones han sido extraídas de “El diccionario del diablo” de Ambrose Bierce.